jueves, 6 de julio de 2017

Cortázar. Walsh. Agamben. Una breve historia de los tres libros que más me costó comprar

Cuentos completos /2, de Julio Cortázar; Textos de y sobre Rodolfo Walsh, de Jorge Lafforgue (comp.) y Lo que queda de Auschwitz, de Giorgio Agamben.

A partir de una consigna que circuló hace unos días en las redes sociales y que consistía en elegir cuatro libros favoritos* se me dio por pensar en una situación no sé si parecida pero sí motivada por aquella. Recordé algunos libros, tres para ser más exacto, que por algún motivo implicó un esfuerzo importante poder adquirirlos. Esto no tiene que ver solamente con el precio de los libros, sino también con las distintas situaciones que atravesaba por aquellos años, en la ya algo lejana década del 2000.

Cuentos completos /2, de Julio Cortázar

Hace más de quince años, tal vez veinte, no había libro que deseara más que los Cuentos completos de Julio Cortázar, editados por Alfaguara. Estaba enamorado de esos libros que por aquel entonces me parecían de tamaño gigante (15x23 cm). Esa edición estaba agotada; no se conseguía el tomo 1 y el tomo 2 por ningún lado. Víctima del fetichismo, eso hizo que cuando viera alguno de los dos tomos no dudase en comprarlos, siempre y cuando tenga la plata.

Fue una mañana de lunes que salí a hacer un trámite por el microcentro porteño y de casualidad, mientras caminaba por la calle Suipacha en dirección a avenida Córdoba, apenas cruzando la peatonal Lavalle, se me dio por mirar la vidriera de la librería Casares, una de las más emblemáticas del libro antiguo y de referencia para primeras ediciones. Impoluto y brillante, estaba  ahí el tomo 2. Entré, pregunté el precio y dicho ejemplar costaba el valor de del único billete que tenía en ese momento y que me debía durar para comer y viajar toda la semana, incluido el fin de semana venidero. Debo confesar que dudé un instante pero finalmente compré el libro y me encerré toda la semana leyendo (y releyendo) el libro de quinientas páginas.

Sin ánimo de caer en los golpes bajos, sí recuerdo que eran momentos muy complicados del país; eran tiempos de colas de cuadra y media para intentar conseguir un empleo apenas decente. El mío tenía su gracia: revelaba fotos ¡las cosas que vi! pero mi situación laboral era bastante precaria. No tenía los beneficios sociales indispensables: cero aportes previsionales, sin obra social, sin aguinaldo y en negro. La paga estaba bien si había trabajo pero cuando no había, no alcanzaba para nada.

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Textos de y sobre Rodolfo Walsh, de Jorge Lafforgue

En este libro publicado por Alianza podemos encontrar textos valiosísimos en referencia al autor de la "Carta Abierta a la junta militar". Escritores de la talla de David Viñas, Horacio Verbitsky, Pablo Alabarces, Rodolgo García Lupo, Eduardo Galeano y Martín Kohan, entre otros, escribieron sobre vida y obra de Rodolfo Walsh, tal como indica el título. Ese libro era (y es) una verdadera reliquia. De hecho, hasta hoy, no se volvió a editar.

En la primera hoja figura un precio escrito en lápiz: $25. No recuerdo el año pero sí sé que me costó mucho dar con este libro. Lo venía buscando por muchas librerías y distribuidoras. Todavía mercado libre no era una opción de consulta muy utilizada.

Dejada de lado la búsqueda en librerías, la misión consistía en recorrer las ferias y plazas donde se vendían libros usados. Así fue cómo lo conseguí una fría tarde de invierno, revisando libro por libro, en cada uno de los puestos del Parque Rivadavia.

Había dicho que no recordaba el año pero fue posterior a los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en Avellaneda, y la posterior salida del gobierno provisorio ejercido por Eduardo Duhalde. Eran los primeros años que cursaba en la facultad cuando leí de manera casi *completa la obra de Rodolfo Walsh.

* Años después iba a conseguir en la Feria del Libro de Buenos Aires las piezas teatrales La granada y La batalla, que volvió a editar De la Flor; recién ahí si pude completar la lectura de la obra completa de Rodolfo Walsh.

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Lo que queda de Auschwitz, de Giorgio Agamben

Conocí al autor y al libro en la facultad, cuando cursé una materia que se llamaba Seminario de Informática y Sociedad de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social (UBA) y que se ocupaba de cuestiones mucho más interesantes e importantes de la que su título infería.

Mi profesora era una de las docentes que más admiré durante mi tránsito por la facultad: Flavia Costa. Por aquel entonces, esa cátedra ya tenía publicada una de las mejores revistas sobre la cuestión de la Técnica que se llamaba Artefacto, y que cada tanto sigue saliendo algún número.

Internet no era todavía ni por asomo lo que es hoy; el concepto de redes, de 2.0 y afines eran todavía conceptos bastante abstractos; el concepto "biopolítica" recién comenzaba a pronunciarse en los suplementos culturales de los diarios masivos. En esta materia que dirigía el filósofo Cristian Ferrer (y que creo todavía dirige) a estas cuestiones, ya "le habían dado vuelta la media".

En esas clases leí por primera vez al filósofo italiano Giorgio Agamben y si bien habíamos tenido que leer algunos capítulos y no el libro entero, las ganas de leer Lo que queda... de manera completa y sin el apuro de tener que llegar a tiempo con la lectura para la clase, me quedó inoculada desde esos momentos.

Lo que queda de Auschwitz era un libro que costaba sus buenos pesos porque era importado. Los traía de España la editorial Manantial, distribuidor por aquel entonces del prestigioso catálogo que editaba Pre-Textos.

Al momento de la compra no tenía problemas con el dinero pero aún así recuerdo que su precio causaba poco menos que dolor. Igual no lo pensé mucho: cerré los ojos y lo compré.

En aquel momento había cobrado la liquidación final del trabajo al que había renunciado y la utilicé para comprarme varios libros. Ahora que hago memoria, uno de ellos era  también "La novela luminosa" de Mario Levrero.

Días después, comenzaba a trabajar en la que fue mi casa durante ocho años: Siglo XXI Editores Argentina. Pero esa será otra historia.

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* En esa ocasión elegí Glosa, de Juan José Saer; 2666, de Roberto Bolaño; El silenciero, de Antonio Di Benedetto y Ulises, de James Joyce.



lunes, 19 de junio de 2017

Juan Carlos Onetti: El niño que leía escondido en el ropero

Juan Carlos Onetti, de negro,
junto a su hermano Raúl (foto familiar).
 
La escritura de Juan Carlos Onetti fue de las más importantes del siglo XX. Cuando en Europa Albert Camus y Jean Paul Sartre se erigían en los adalides de la literatura existencialista, en Uruguay aparecía la figura de Onetti para romper con todos los moldes de la época al publicar en 1939 El pozo, su primera gran obra maestra. Mientras tanto, este texto invita a conocer la primera etapa de la vida de Juan Carlos Onetti, su niñez junto a sus hermanos, su pasión por la lectura, sus desventuras en la escuela, los escritos de la infancia que no se le iban a publicar. Todo Onetti hasta antes de convertirse en el gran escritor que todos conocemos.


Juan Carlos Onetti nació en Montevideo en el año 1909. Su papá fue encargado en un depósito de la aduana montevideana. Su mamá era descendiente de una familia brasileña esclavista. 

Onetti tuvo dos hermanos y él era el del medio: Raquel tenía dos años menos que él, y Raúl era dos años mayor.

Cuando sus padres se iban a dormir, los niños Onetti contaban hasta cien, cerraban la puerta y apoyaban un colchón en la misma para no filtrar la luz y atenuar los sonidos. Después de eso, Juan Carlos les contaba historias que él mismo inventaba.

Durante su infancia, el lugar preferido de su casa era el ropero, donde se escondía a leer.

Al pequeño Onetti le gustaba el fútbol y era hincha de Nacional. Tanto le gustaba que esperaba a los jugadores en la puerta del estadio para ofrecerles llevar el bolso y así ingresar gratis a ver el partido. Siendo adulto, el fútbol ya no sería de su interés.

Cuando la familia se mudó a Colón, Juan Carlos perdió su ropero pero eso no le impidió encontrar un refugio fresco, tranquilo y silencioso para leer: en las tardes calurosas de verano se hacía bajar a un aljibe para leer al fondo del pozo, además de un silloncito de mimbre y una jarra de limonada.

A contrapunto de lo que podría pensarse, Onetti no fue un buen alumno en la escuela, lo que no quiere decir que no haya sido (y lo fue toda su vida) un apasionado por la lectura. En las clases se aburría tanto que se escapaba del aula porque las maestras eran más burras que él. Al menos eso decía cuando lo querían retar.

Otras veces se ausentaba del aula y se recluía en el gabinete pedagógico para seguir leyendo. En otras ocasiones se iba a leer al puerto. Tal vez esas imágenes le hayan servido mucho tiempo después para escribir  una de sus grandes novelas, El astillero.

Los primeros registros que se conocen sobre las lecturas de Onetti tienen que ver con la colección de Las aventuras de Fantomas, a las que accedía vía préstamo de parte del marido de la prima de su padre. Este hombre se pasaba todo el día en la cama leyendo, algo que hará Onetti en su adultez y que disfrutará hasta los últimos días de su vida.

Recién entrado en la adolescencia, Onetti ya era un gran lector. Y no sólo eso, también empezó a moldear su figura como escritor. Si se pudiera fijar un momento de esto, la instantánea probablemente capture el día en que se decidió imitar al escritor noruego Knut Hamsun (“Bajo la estrella de otoño”, “Pan”, "Hambre", entre otros), y envió sus cuentos a la revista Mundo uruguayo. Cuentos que no fueron publicados porque cuando leían la edad del remitente, los editores del diario temían que se tratara de una broma o peor aún, porque el escritor mentía su edad.

La institución escolar fue para Onetti un lugar hostil. Aburrido y desencantado, el joven Juan Carlos dejó consciente y definitivamente el liceo. Según él, por no aprobar en distintas instancias las pruebas de dibujo, se privó de ser médico o abogado.

Esta decisión trajo consecuencias a futuro para cuando tuvo que conseguir empleo. Eran trabajos duros, que requerían grandes esfuerzos físicos y por supuesto, mal remunerados. Fue albañil, mozo, empleado de una fábrica de silos, aprendiz de pintor, encuestador de censos en Colón. También fue secretario de un consultorio médico y representante de una casa de neumáticos. Después llegó a trabajar en una agencia internacional de noticias.

Nos detenemos acá ante una historia no tan conocida. En épocas de la Segunda Guerra Mundial Onetti trabajaba para la agencia Reuters. En una guardia nocturna, la máquina titilaba, envía señales, signos que debían ser decodificados. Juan Carlos avisaba de esto. Quien tenía aquella función le dijo a Onetti que no se preocupe, que mañana bajaba la noticia. Juan Carlos tomó la iniciativa y comenzó la “traducción”. El mensaje anunciaba el desembarco en Normandía. El momento clave de la II Guerra Mundial llegó a estos lados del mundo gracias al trabajo de Onetti.

A los veintiún años dejó Montevideo y se casó con su prima María Amalia Onetti. Meses después nace su hijo Jorge Onetti Onetti. A los pocos años se separa de María Amalia y vuelve a Uruguay. Se enamora de María Julia Onetti, hermana de María Amalia.

La pobreza fue un estigma que lo acechó durante mucho tiempo, especialmente los primeros años de su casamiento, cuando vivió en Buenos Aires. Cuenta Onetti que recorría la calle Corrientes no buscando el mango sino cinco mangos, porque tenía una mujer que se quedaba en la cama de debilidad, de pura hambre, sin poder moverse. Esta cita nos hace acordar a las primeras páginas de su última novela Cuando ya importe:

“Y así: ella acostada y yo caminando, ida y vuelta, por la avenida buscando tropezar con algún ser muy amigo al que no me humillara pedirle dinero”.

Hasta que en 1939, tras haberse quedado un fin de semana sin tabaco, escribe y luego publica su primera obra maestra, El pozo.

Continuará...

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Para esta biografía de juventud se trabajó con los siguientes libros:

Juan Carlos Onetti, Confesiones de un lector, Alfaguara.
Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe, Punto de Lectura.
Carlos María Domínguez, María Esther Gilio: La construcción de la noche. La vida de Juan Carlos Onetti, Lumen.
Antonio Muñoz Molina, “Sueños realizados. Invitación a los relatos de Juan Carlos Onetti”, prólogo en Cuentos Completos, Juan Carlos Onetti, Alfaguara.







lunes, 12 de junio de 2017

TALLERES LITERARIOS. Otro modo de leer y escribir


La lectura y la escritura no sólo incluyen a los bares, cafés y bibliotecas, sino también a otros espacios que cada día son más concurridos: los talleres literarios. 

Ya sea para profundizar los conocimientos de la obra de algún autor o para "cerrar una novela", o estimular la imaginación para escribir cuentos, o explorar la propia sensibilidad y dar forma a una poética propia, los talleres literarios son cada vez concurridos por cientos de personas que ven a estos espacios como el ámbito ideal para llevar a cabo las actividades mencionadas. A continuación y a pesar de que la lista es tan larga como recomendable, daremos una breve guía de quiénes y qué se está dando en sus respectivos talleres de escritura y de lectura.

Con la premisa de "trabajar fuerte", desde hace más de veinticinco años, Alejandra Laurecich da talleres grupales de narrativa. Con los que tienen obras avanzadas, hace la precisa tarea de supervisión. Contacto: info@la-balandra.com.ar o https://www.facebook.com/alejandra.laurencich (inbox).

Los talleres de la escritora y periodista cultural Laura Galarza ya son un clásico. En pocos días, los sábados 17 y 24 de junio y el 8 de julio, se leerán y analizarán las estrategias narrativas de Alice Munro, Katherine Mansfield, Abelardo Castillo y Tobías Wolff, entre otros. En Palermo.
Para más info: mlauragalarza@hotmail.com

El escritor Luis Mey, que acaba de publicar “Los pájaros de la tristeza”, da un taller de cuentos y novelas en la zona de Recoleta bajo la modalidad grupal o individual. Los sábados trabaja solamente de modo grupal y dicta sus clases en La Paternal.
Contacto: https://www.facebook.com/luis.mey.9?ref=br_rs (inbox).

Por la zona de San Telmo, Elisa Mondelo y Gabriela Borrelli Azara dan un taller de escritura de poesía y cuento breve. Se reúnen a las 16 horas y pueden solicitar más información escribiendo a: poesiamalditopan@gmail.com

El 10, 17 y 24 de junio, Silvia Arazi coordina su ciclo "Té de palabras", donde se leerán cuentos de Silvina Ocampo, Katherine Mansfield y Clarice Lispector para analizar, disfrutar y pensar sus estrategias narrativas. El encuentro está acompañado por un té y cosas ricas para compartir.
Más información: silviarazi@hotmail.com 

Desde hace veintiún años años, Patricia Clavijo da talleres de narrativa en la zona de Avellaneda Centro. Trabaja con adultos y también con jóvenes. Se puede consultar en su página personal de facebook o escribir a su correo: patriciaclavijo12@gmail.com

La narradora y poeta Anahí Flores brinda talleres de escritura creativa (nouvelle, cuento, poesía) y de revisión de obra. La modalidad puede ser a distancia o presencial. Más información: anahiflores.org@gmail.com

Flor Codagnone comienza un ciclo de iniciación a la poesía a partir de julio.  Además, sigue con sus clínicas literarias que consta de encuentros individuales para trabajar textos que quieran ser publicados. Las actividades se dan en la zona de Facultad de Medicina. Para más datos, escribir a: florcodagnone@gmail.com

La narradora y coordinadora del ciclo "Ficciones" en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Maumy González propone un espacio para la escritura llamado La Aquateca. Allí se leen, corrigen, pulen textos, además de explorar la creatividad de cada uno de los participantes. También ofrece asesoramiento a distancia y clínicas de seguimiento. Todos los lunes, de 19 a 21 horas, zona Almagro. Contacto: difusion.aquavioleta@gmail.com

Santiago Llach, uno de los docentes más reconocidos en este tipo de espacios, da clases individuales y presenciales de escritura creativa. También ofrece cursos individuales o grupales, presencial o vía skype. Para más información escribir a: santiagollach.taller@gmail.com

Para profundizar en la lectura de la obra de Osvaldo Lamborghini y César Aira, la persona indicada es Ricardo Strafface, que da su taller en el barrio de Palermo.  A la salida de las clases "formales", a los que quieren y pueden, se le agregan mágicas charlas en el "anexo" del taller: el café Varela Varelita. Mäs información: ricardostrafacce@fibertel.com


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miércoles, 17 de mayo de 2017

DEBATES LITERARIOS: algunos apuntes sobre la construcción del argumento o la banalidad del agravio.

Si es honorable, la ferocidad en el mundo de las ideas es bienvenida. Afuera del ring, un camarógrafo mostrándole al mundo un combate entre caballeros: Muhammad Alí y George Foreman, en la recordada "Pelea del Siglo", en Zaire, 1974.

Más argumentos y menos insultos. La pobreza de las redes sociales y la riqueza del enfrentamiento cara a cara. Los bares y los cafés. Los ciclos y los eventos literarios. 

En varias oportunidades vimos muy buenos inicios de debates sobre escritores, libros y obras. Hasta que algo sucede. No importa si la conversación está al principio o muy avanzada. Las charlas son intervenidas por objeciones, se vuelven desdibujadas, se evaporan.  Pero ¡ojalá fueran objeciones! 
Son interrupciones basadas en los insultos y en las descalificaciones, que en muchos casos, derivan casi inevitablemente en invitaciones para pelear y que los provocadores del conflicto, ni por asomo, deciden aceptar.
Sin embargo, lo que molesta de tales provocaciones es que no tienen nada que ver con el contenido, lo literario. Lo que había surgido como fructífero, aquello que nos acercaba a la discusión, ya sea participando o siguiéndola, devenía muchas veces en el sinsentido de la agresión y en la banalidad del agravio.

¿De literatura? Poco. Nada. 

Pareciera que no se puede conversar, mucho menos polemizar sobre gustos literarios o estilos, mucho menos sobre obras y autores. Podemos notar como la figura del lector adopta muchas veces el papel de “fan”, en su mejor versión, o de “barra”, en la peor de sus facetas. 
Otra vez, esa versión estúpida de la pasión aparece como fuerza motorizadora del punto de vista, hasta convertirse en su absoluto.

Ya no se puede objetar un autor o libro, decir cuáles son sus puntos débiles si los tuviera. 
¿Qué tiene de malo decir que “x” novela no es la más lograda? Eso no invalida lo anteriormente escrito por ese autor ni su obra construida, tampoco va a “hipotecar” las futuras escrituras de ese escritor “Z”, sea joven que está dando sus primeros pasos o sea un autor prestigioso.

La contracara se da cuando se acepta el “no me gusta ese autor o ese libro”, y al preguntarse por los motivos de esa negación, no haya argumento que la sostenga.

Vale decir que esto se da especialmente en redes sociales, que en muchas ocasiones funciona más como un vertedero de cualquier otra cosa y donde muchos dejan su veneno.
Pero sin ponernos tremendistas ni puritanos -no se trata de "conservar las formas", podemos decir que hay varios espacios donde pueden surgir planteos interesantes -meras conversaciones donde no es necesaria la solemnidad, mucho menos para las redes-, además de los ámbitos académicos tales como conferencias, ponencias o coloquios. 

Sí podemos estar convencidos de que los mejores espacios de discusión son aquellos donde las conversaciones se dan cara a cara, especialmente en los bares y cafés, esos lugares que van a subsistir hasta la eternidad salvo que Starbucks decida comprar todos los bares del mundo. 

Otros de los lugares que me parecen valiosos son los ciclos literarios y eventos, donde predominan las lecturas públicas. También son muy valiosos los intervalos que se suceden allí, cuando entre mesa y mesa, en alguna columna del salón o en una banqueta de la barra se discute, por ejemplo sobre literatura uruguaya, si nos gusta más Juan Carlos Onetti que Mario Levrero, o viceversa, y que alguien que escucha esto al pasar, le diga a los dos contendientes "ustedes no saben nada. Antes de esos dos, por qué no hablan de Felisberto Hernández". O si Juan José Saer, César Aira y Rodolfo Fogwill son, como dijo Beatriz Sarlo hace unos días en Santa Fe, "el canon" de la literatura argentina, después de Jorge Luis Borges.



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miércoles, 19 de abril de 2017

John Berger, Pablo Picasso y Barcelona Fútbol Club. Sueños de una noche catalana.



I

Por esas cosas de la vida cotidiana y por culpa de un insomnio más torpe que clínico, decidí sentarme en el sillón a releer antes que comenzar un libro nuevo. El tiempo de descanso necesario ya estaba perdido y me terminé acostando mucho más tarde de lo habitual.
En lugar de ir a la biblioteca preferí elegir un libro de mi escritorio de trabajo. Desde hace varios años tengo siempre a mano una biografía de Pablo Picasso escrita por John Berger, quien lamentablemente acaba de fallecer el 2 de enero de este año.
Ya sabemos lo que fue capaz de ser y hacer Berger. Fue escritor, pintor, poeta, ensayista y crítico de arte. Sus libros son más que reconocidos y valorados por la comunidad de lectores: El sentido de la vista, Mirar, El cuadernos de Bento, G., Lila y Flag, Fotocopias, Una vez en Europa, son algunos de sus libros más apreciados. Pero tal vez su gran virtud y su gran legado haya sido enseñarnos a mirar mejor.


II

Publicado en 1965, Berger nos cuenta en “Fama y soledad de Picasso” la vida y la obra del pintor, de la riqueza que el pintor malagueño supo generar ya sea por su valor artístico como por el valor de mercado. Tan fenomenal fue Picasso que podía tener todo lo que deseaba con sólo pintar un bodegón, -una casa  en el sur de Francia, por ejemplo-. Es por esto que Berger se refiere a Picasso como un Midas moderno pero más poderoso aún, ya que en caso de tener hambre, la comida no se convertiría en oro, problema que sí tuvo el personaje de la mitología griega.
Sin embargo, vale decirse que la biografía no se centró se únicamente en la lógica de la riqueza ni del triunfo, sino también en la frustración que le trajo aparejado dicho éxito.


III

Un libro se puede releer de distintas maneras: desde el principio hasta el final; de manera desordenada, comenzando por cualquier lugar. El lector puede volver al capítulo que más le gustó; también puede leer como si fuera un “detective”, buscando algún dato llamativo o necesario. Si el lector es de subrayar, seguramente intentará reencontrarse con aquello que creyó fundamental. Son muchísimas las motivaciones que surgen cuando se inicia una relectura.
En este caso, decidí releer desde el principio, de corrido y sin alterar el orden de las páginas.
Y esta relectura, cómoda y rápida porque ya el contenido lo tenía asimilado, me llevó a pensar en una España que nos puede parecer en estos tiempos, muy lejana. Una España medieval pero también comunitaria y combativa: la España de fines de siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.




IV

En sus primeras páginas el libro de Berger da inicio con un análisis del mundo en el que Picasso se formó. Sin hacer una historia minuciosa de España y mucho sin pretensiones de hacer algún tipo de sociología, Berger dice que a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, España mantenía muchos rasgos de feudalismo, no porque la mayor parte de la población activa trabajase en actividades vinculadas al campo, sino porque en la mayoría de sus regiones se producía solamente “para cubrir las necesidades del hogar y del pueblo”.
Berger afirma que si se comparara España con Alemania, Francia o Inglaterra, la primera aparecía ante las restantes como una nación atrasada. Y esta tal vez haya sido este una de las principales causas del distanciamiento de España con el resto de las naciones europeas más avanzadas.
En este contexto donde sólo habría retraso, Berger observa una gran virtud y la llamará “reliquia”. La reliquia es la conciencia del campesino español en el que está comprendido “su modo de vida comunal”, y en la cual se podía rastrear otro tipo de solidaridad que en la Europa más “avanzada”, ya no podía reconocerse.
Al respecto, dice Berger:

“este recuerdo (el de la solidaridad arraigada a través del tiempo), combinado con su pobreza hacían que a despecho de la propiedad privada, se aferrara a una idea de libertad que nada tenía que ver con la ‘liberté’ de la Revolución Francesa, sino que era más bien la libertad orgullosa del individuo inmerso en una colectividad primitiva, espontánea y pequeña”.

Y estas condiciones (entre otras), permitieron que el anarquismo fuera el único movimiento político capaz vincular al pueblo español con las relaciones sociales, tales y como fueron antaño en un régimen de propiedad colectiva.


V

A principios del siglo XX, Madrid luchaba por mantener sus beneficios y privilegios por sobre el resto de España. En contraposición, Cataluña era la ciudad industrial, -de poco desarrollo es cierto pero industrializada al fin-, que pretendía separarse de la Madrid absolutista para consolidar un incipiente capitalismo. En el medio de esta disputa estaban los campesinos y los obreros que debían luchar contra unos u otros: los absolutistas y los patrones. Y en ese contexto, un movimiento político puede transformarse en la gran posibilidad de emancipación para estos sujetos cansados de la falta de libertad, y de la opresión económica.

VI

Habré leído durante una hora. Puede que un rato más o un rato menos; en esta ocasión, no controlé el tiempo de lectura. Lo que sí puedo decir con exactitud es que la noche fue muy corta. A pesar de que tenía mucho sueño, me desperté antes de que sonara la alarma del teléfono. No quince o veinte minutos antes de las siete como sucede habitualmente, sino a las cinco y cuarto de la madrugada.
Fue un sueño el que me sacó de la cama. Ni siquiera una pesadilla; no me levanté sobresaltado ni transpirado. Por supuesto, era un sueño raro porque como ya sabemos, todos lo son. Pero creo que fue así porque tocó alguna fibra sensible que se pueden sentir casi exclusivamente en la infancia.

VII

Serían aproximadamente las 11 de la mañana y caminaba por las galerías internas del Camp Nou. Por supuesto, en las tribunas no había nadie esperando por el partido. Faltaban más de cinco horas todavía para que Barcelona Fútbol Club  se enfrentará en el partido de revancha contra el Paris Saint Germain, por octavos de final de la Champions League y que en el partido de ida el conjunto francés venció por 4 a 0.
Ingresé por una de las bocas de acceso a una platea lateral, justo enfrente de las butacas amarillas que gracias a su color forman la frase que hace de la identidad blaugrana su mayor orgullo: “Més que un club” . Me senté en una butaca y a tranquilidad de esta contemplación en soledad me servía para recordar algún partido memorable de este club, que los hinchas del club catalán atesorarán en sus recuerdos por muchos años y el que primero que me viene a la mente es el 5 a 0 al Real Madrid de José Mourinho, en 2010. Creo que no hubo una demostración de fútbol tan grande de un equipo hacia otro, siendo los dos planteles los más poderosos del mundo que se enfrentaban entre sí.
También recordé el 6-2 ante el mismísimo Real, pero ese partido no entraba en la categoría que me había propuesto porque se había jugado en el estadio Santiago Bernabeu, ubicado en la capital española.

VII

Un rato después, volví a bajar por los pasillos y antes de salir del estadio visité una tienda de recuerdos y regalos. Me llamaba la atención porque además de las camisetas y souvenirs dedicadas a los jugadores actuales (Lionel Messi, Luis Suárez, Neymar o Piqué), había gran variedad de muñequitos, pósters y tarjetas de jugadores que alguna vez vistieron la camiseta blaugrana.
El marketing de uno de los clubes más importantes del mundo no dejaba nada sin posibilidad de venderse, y seguramente el fetichismo no ha alcanzado aún el paroxismo. Todavía no podemos saber hasta qué cosas se podrán comercializar en nombre de la pasión.
Miré una estantería y vi dos glorias que se destacaban por sobre el resto ya que tenían toda una esquina para ellos solos. Un caso era esperable ya que se según el libro de oro del club catalán dice que fue el verdadero inspirador, primero como jugador y luego como director técnico, para que el Barcelona se haya transformado en la gran institución que es hoy: Johan Cruyff. A partir de él, la escuela holandesa que supo tener entre sus filas a los hermanos de Boer, Litmanen y a los entrenadores Louis Van Gaal y Frank Rikjaard, plantó bandera en Cataluña.
El otro caso es de un jugador que llegó a Cataluña en 1982 pero que no pudo darle su mejor genio, algo que sí hizo cuando emigró en silencio Nápoles y luego, en tierra azteca, convirtió el gol más lindo de la historia de los mundiales para después ganar la copa del mundo: Diego A. Maradona.
Estaba él vestido de jugador de Barcelona por supuesto, con su porra de aquel entonces, y su imagen ilustraba un vaso de vidrio. Él también figuraba allí. Y eso tal vez nos sirva para comprender que otro de los orgullos de ese club fue el de haber contado entre sus filas con muchos de los mejores jugadores del mundo como Ronald Koeman, Gary Lineker, Romario, Ronaldo, Riquelme, Iniesta, Etoó, Ibrahimovic, Puyol, Stoichkov, Hagi, Laudrup, Schuster, Neeskens, Xavi, Figo (imposible no escribir “pesetero”, apodo que se ganó luego de abandonar el club para irse al clásico rival, Real Madrid), y Kubala, entre otros. Hasta acá, llegó mi sueño. Luego, el día y la vida cotidiana.: desayunar, vestirse y trabajar.


VIII

Con unos amigos jugamos un torneo de pronósticos con partidos de fútbol elegidos al azar. Partidos de todas las ligas, preferentemente los torneos de AFA y del resto de las competiciones importantes como la liga italiana, española, inglesa, la Copa Libertadores, las Eliminatorias sudamericanas y la Champions League. Siempre los partidos más atractivos para nosotros o con las participaciones de todos esos equipos de jugadores argentinos. Los partidos del Barcelona están siempre, por Lionel Messi y por su fútbol.

IX

Días atrás el Barca había perdido muy mal con el PSG 0-4. Y el resultado podía haber terminado con cinco o seis tantos del equipo galo (de capitales qataríes).
Cuando tuve que poner mi pronóstico, me jugué un pleno: más por el cariño al club catalán y a Messi, por una especie de gratitud a tantos años de un futbol tan maravilloso como extraordinario, le puse un resultado que presuponía el triunfo y la clasificación del Barca, 6 a 0.

X

El partido comenzó en horario puntual, tal como lo establece el protocolo de la organización de ese torneo. A los tres minutos, el equipo local anotaba su primer gol: el uruguayo Luis Suarez de cabeza, ubicado dentro del área chica. Faltaba mucho pero el comienzo era alentador.
Primer asterisco: Draxler tira un centro atrás a la altura del piso y cuando cae Mascherano desvía el balón con su brazo izquierdo. Debió sancionarse penal.
Con superioridad absoluta pero con no tanta contundencia, el primer tiempo parecía que iba a terminar con ese sólo gol de Suarez hasta que en el minuto 40, Iniesta pelea por un balón casi perdido. Pero él, con lo último que le va quedando de energías y resolutivo ciento por ciento, saca un taco a dos metros del arco que rebota en el defensor Kurzawa y se transforma en el segundo gol de la noche.

XI

Al inicio del segundo tiempo, Iniesta saca un pase de billar que Neymar alcanza y que cuando iba a escapar de su marca, un defensor se arroja de cabeza a sus pies y comete penal. Un penal en un momento muy caliente del partido. Y Messi toma la responsabilidad. Se para levemente inclinado hacia su derecha, da tres pasos y revienta la red con un tiro rasante: 3 a 0. La igualdad estaba a un gol. Y más grande eran las esperanzas cuando minutos después, Cavani estrella un remate contra el poste de Ter Stegen. “Si no entra esta, no entra ninguna otra”, dice la mitología futbolera. Mentira.
Cuando parecía que el cuarto gol iba a decantar, Cavani recibe un balón en el centro del área y fulmina a Ter Stegen. Ahora sí, las esperanzas se diluyen. Quedaba media hora y además del golpe anímico de este tanto y el Barca debía marcar tres goles más para clasificar.

XII

Los minutos iban pasando. Cavani desperdicia un mano a mano increíble y al minuto 85, Di María que podía haber definido la clasificación a favor del PSG, demora una eternidad y deja que Mascherano le quite dicha posibilidad.

Minuto 88. Falta al borde del área del lado izquierdo. Messi le deja la posibilidad de disparo a Neymar, que tiene mejor perfil desde esa ubicación. La clava en el ángulo. 4 a 1. Faltan dos goles.

Minuto 90. Segundo asterisco. Penal de Marquinhos a Luis Suárez. Polémico. Para casi todo el mundo no fue infracción de Marquinhos; arriba no hay falta sin embargo, abajo, con su pierna cruza a la de Suárez. Patea Neymar, no Messi. Gol. 5 a 1.

Queda un minuto más el tiempo que el árbitro dé como prórroga. Serán cinco los minutos adicionales.

Minuto 95: Ter Stegen que estaba en el área rival para tratar de convertir el gol de la hazaña, recupera una pelota que podía haber sido el segundo y definitivo del PSG recibe una falta en ¡campo francés! lejos del área rival pero no tanto como para impedir un ataque aéreo. Tira Neymar, despeje francés, le vuelve a caer la pelota en sus pies, hace unos movimientos electrizados y vuelve a tirar un centro al fondo, a la última línea de jugadores que esperaba en el área del PSG. Aparece Sergi Roberto, un joven de la Masía que es el centro de entrenamiento de las divisiones juveniles del club, otro orgullo catalán. Masía es también un tipo de vivienda medieval de Cataluña.
Gol de Barcelona. Decíamos que a Sergi Roberto sólo le queda acomodar el pie para desviar la trayectoria del balón pero de manera suficientemente delicada para que no enviarla a la tribuna. Viaja a la red. El arquero Trapp no puede desviar la trayectoria. Gol. Sí. Gol. Barcelona logra lo imposible. Vence 6 a 1 y gana la serie.

XIII

Desde la llegada de Guardiola, aunque con una muy buena base de Fran Rijkaard y con el legado de Cruyff siempre presente, el Barcelona se convirtió en el mejor equipo de la historia del fútbol. Por supuesto, el factor económico es decisivo; con el dinero se pueden comprar a los mejores jugadores. Pero cuando se inició este ciclo dorado, el club catalán contó con mayoría de jugadores surgidos de las divisiones inferiores del club: desde que eran muy chicos Piqué, Pedro, Puyol, Iniesta, Xavi, Busquets, Messi y tantos otros más que ahora no recuerdo, jugaron juntos. De manera solidaria, colectiva, donde la prioridad la tenía el equipo por sobre lo individual. Son cientos los goles que vimos a jugadores regalarse a otros que estaban mejor ubicados. Once jugadores con la premisa de ayudar al compañero y de ofrecerse para cuando él otro lo necesite. Además la técnica individual pero también la sabiduría colectiva.
Y la ideología, la convicción de creer en un plan que los contiene a todos.
Por esta solidaridad el Barcelona logró todo lo que ya sabemos, muchísimas copas y torneos.
Barcelona, el equipo de fútbol más anarquista de la historia.

Sergi Roberto convierte el sexto gol y la fiesta se despliega









martes, 14 de febrero de 2017

Tres libros o el amor en los tiempos de San Valentín



Desde hace varios años, los 14 de febrero dejaron de pasar inadvertidos. Ya sea para negarlo (otro día que el mercado nos invita a gastar parte de nuestro sueldo o ahorros en regalos o en salir a cenar a un restaurante), o para celebrarlo, el San Valentín o "día de los enamorados", no pasa desapercibido.

Lo que sí podemos hacer, con bastante gracia y placer es pensar en algunos libros que hagan homenaje al  enamoramiento o al menos nos hagan recordar a enamorados inolvidables. Sabiendo que cualquier lista que se quiera confeccionar será tan infinita como inabarcable, se citan solamente tres libros.


Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal

Uno de los amores más sublimes de la literatura argentina: el enamoramiento que "sufre" el personaje principal de la novela, Adán Buenosayres por Solveig Amundsen. A las constantes alusiones por parte del joven, se le suma como documento irrefutable de su amor, el no menos romántico Libro sexto, que contiene «el Cuaderno de Tapas Azules».

"Estando solos él y ella en el vivero de las flores, aquel recinto los aproximaba cómo nunca; y ésa fue su gran oportunidad y su riesgo inevitable, porque Adán sintió de pronto una congoja que ya no lo abandonaría, como si en aquel instante de su mayor acercamiento se abriese ya entre ambos una distancia irremediable, a la manera de dos astros que al tocar el grado último de su cercanía tocan ya el primero de su separación".


Cartas a D. Una historia de amor, de André Gorz

"En el caso de tener una segunda vida, ojalá la pasemos juntos".

Carta escrita cerca del final de una vida, o de dos, pero con la ratificación de un amor tan intenso como profundo, este libro se compone de las cartas que André Gorz, un filósofo vienés y destacado intelectual, tal vez un precursor en las causas ambientalistas, le escribe a su mujer Dorine Keir, tras compartir sus vidas alrededor de sesenta años. Estas cartas las escribe de noche, mientras Dorine duerme. Aproximadamente un año después, André y Dorine, deciden morir juntos.

"Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos".


Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes

Publicado en 1977, probablemente este sea el libro más citado y leído de nuestra época cuando se trata de pensar la idea de amor. Libro que tuvo su salto de popularidad al mes de su lanzamiento, cuando el mismísimo Roland Barthes asiste a un programa de televisión para hablar de amor. A menos de un año de su publicación, "Fragmentos de un discurso amoroso", vendió cerca de ochenta mil ejemplares. La cantidad que se ha vendido hasta hoy y en todo el mundo, es incalculable.
El libro está compuesto de ochenta entradas o conceptos («Adorable» y «Angustia» , tal vez sean dos de las más citadas; «Dolido», «Loco», por mencionar algunas más).

Rapto. Episodio considerado inicial (otro que puede ser reconstruido después), en el curso de la cual el sujeto amoroso de encuentra "raptado" (capturado y encantado) por la imagen del objeto amado (flechazo, prendamiento).








martes, 31 de enero de 2017

Selva Almada: "Los lectores y los libros"

Selva Almada (Fotografía: Vale Fiorini)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

No sé, empecé unos cuantos y logré terminar pocos. Pero en general ese es mi ritmo de lectura: arrancar con mucho entusiasmo y desengancharme a las pocas páginas. Por suerte no comparto el mandato de que a los libros hay que terminarlos sí o sí. Incluso puedo dejar libros que me encantan y retomarlos años después.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Me gustaron mucho Los enfermos, de Natalia Rozenblum y Australia, de Santiago La Rosa, son primeras novelas muy buenas. Y escritoras que admiro como María Moreno y Estela Figueroa, el Black out de una y El hada que no invitaron, de la otra, creo que fueron los acontecimientos literarios del 2016 que, por suerte, seguirán irradiando por muchísimos años. Sueños de trenes, de Denis Johnson (autor que no conocía) y Las carnes se asan al aire libre, de Oscar Taborda.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Ahora mismo creo que mis autoras favoritas son Liliana Colanzi y Elena Anníbali. Las dos son muy genias.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Ah, no, no voy a responder esta pregunta. Son de esas preguntas típicas que me sacan ampollas.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Esta está relacionada con la anterior. Hay muchos clásicos que no leí, pero que no me juro leer. No creo que haya libros que “hay que leer”. No me siento en deuda con un autor si no lo leo.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Un título en particular ahora no se me ocurre (soy un opio de entrevistada, sí), pero puedo responder con un autor. Me encanta Zama, pero los cuentos de Di Benedetto no me interesaron, por ejemplo.


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Selva Almada (Entre Ríos) es la autora de El desapego es una manera de querernos (2015), Chicas muertas (2014), Ladrilleros (2013), El viento que arrasa (2012), entre otros. Su obra está traducida al francés, alemán, portugués, sueco, holandés y turco.










lunes, 30 de enero de 2017

Pablo Méndez: "Los lectores y los libros"

Pablo Méndez, director de la web de reseñas "Solo tempestad"

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

Si tengo en cuenta los que leí para reseñar (dieciocho libros) y los que leí fuera de cualquier obligación profesional, más o menos, treinta libros en total.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Voy a obviar a libros que de antemano se sabía que iban a causar repercusión (el de Mariana Enriquez o el de María Moreno) o el boom de “Stoner”. Voy a elegir a aquellos que me impactaron y que estuvieron fuera de los grandes suplementos literarios o de manera solapada. “El Río” de Débora Mundani que sin quererlo está formando una posible e inconsciente  trilogía perfecta (para que esto suceda tenemos que esperar a su próxima novela); “Como si existiese el perdón” de Mariana Travacio que desplegó una poética sutil y bella en una historia llena de hombres donde la fuerza y el carácter son los protagonistas (no puedo sacarme de la cabeza la bella metáfora “la lluvia caía lacia”, hasta podría hacerme una remera con esa oración); “Dispersión” de Juan Rapacioli: Juan es un poeta de la vieja guardia a pesar de ser muy joven, construye los poemas con una impronta clásica a los que impregna de una mirada muy aguda; “New Pompei” de Horacio Convertini que si bien es del 2015 lo leí este año, un libro que rompe estereotipos en la novela negra, sería un guión ideal para una película de Gus Van Sant; “Mil galletitas” de Diego Tomasi: es recurrente leer o escuchar “este libro es hermoso” cuando terminamos un libro que nos gustó , y no siempre es el mejor calificativo para expresar nuestra satisfacción como lectores, pero “Mil galletitas” sin dudas debería estar en lo más alto de un ranking de libros bellos; “Interestatal” de Stephen Dixon, un verdadero desconocido en nuestras pampas hasta que Eterna Cadencia comenzó a editarlo en el país, para definirlo se me ocurre una metáfora futbolera: todos escriben bien, Dixon hace algo distinto, es el jugador que mete un pase gol de caño al estilo Bochini; y “La intimidad inofensiva” de Tamara Kamenszain: un libro indispensable que analiza la poesía y la narrativa actual a partir de los límites que borra el YO a partir de las operatorias narrativas en las redes sociales, lo que comúnmente se llama “literatura del yo” que creo debería diferenciarse de la literatura en primera persona, que es otra cosa.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Difícil. Son tantos. Va una lista más emocional que racional, bien caótica: Bolaño porque construye universos dentro de universos, Capote porque tiene uno de los mejores comienzos de la literatura, Mailer, Walsh, Salvador Benesdra porque escribió uno de los dos mejores libros de los últimos veinticinco años, Jorge Barón Biza porque escribió el otro mejor libro de los últimos veinticinco años, Osvaldo Lamborghini, Robert Walser, John Fante, Jorge Di Paola, Héctor Libertella.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Voy a nombrar diez libros de autores nacionales y actuales. Ya todos sabemos que hay que leer a Shakespeare, El Quijote, Kafka, Borges, Fogwill o Laiseca.

Protocolos naturales, de Yamila Bêgné
Me verás volver, de Celso Lunghi
Batán, de Debora Mundani
Mi libro enterrado, de Mauro Libertella
Hotaru, de Martín Sancia
La ira del curupí, de Diego Meret
Placebo, de José María Brindisi
Opendoor, de Iosi Havilio
La virgen Cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara
Glaxo, de Hernán Ronsino.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

“La Montaña Mágica”, de Thomas Mann. Siempre hay algún motivo superficial para que no la comience. Sea una nueva serie de Netflix o buscar videos perdidos de Radiohead en Youtube.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Ulises, de James Joyce. Para mí, la vanguardia comenzó con Felisberto Hernández. Es muy difícil abordar un libro que pretende crear un mapa total de una cabeza de una generación tan lejana. Hoy la vanguardia es un libro bien escrito de cien páginas, si es de una editorial independiente, mejor.

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Pablo Méndez estudió de todo: periodismo, letras, cine y música. Docente de la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA) e investigador del Instituto Gino Germani. Dicta talleres de escritura, de Periodismo especializado en música rock y un Seminario de rock y literatura. Trabajó en medios audiovisuales, en Radio América como columnista de rock en el programa “Acaricia mi ensueño” y de literatura en el programa “América No Duerme”, y escribió en Ultrabrit, Artezeta, Ruleta China, Revista Aglaura y Revista Loop. Participó en la Antología "Sangre Fría", Colección Pelos de Punta de cuentos de terror. Organiza el ciclo de lectura "Poesía a la Parrilla" en la librería y editorial Notanpüan. Es director de la web de reseñas de libros Solo Tempestad








sábado, 28 de enero de 2017

María Fernanda Pampín: "Los lectores y los libros"

María Fernanda Pampín, editora en Corregidor

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

Primera disculpa: hablo y escribo mucho. No contabilicé los libros del año, pero fue una cantidad importante. Aquí incluyo narrativa, pero también ensayos y debería entrar la crítica literaria (en este caso, más fragmentaria). Va una confesión: tengo una doble personalidad y divido mi vida entre la academia y el mundo editorial. Así que habrá que distinguir entre los libros que leo por trabajo de los que elijo leer simplemente por placer (esto me los compro o son lecturas recomendados por amigos). 

Para eso tengo tiempos diferentes: los que elijo los leo preferentemente en viajes o a la mañana temprano, en el desayuno, que es el momento en que más me gusta leer y suelen ser novelas. Este año gané mucho tiempo de lecturas de placer. Me doctoré en febrero de 2016 y, de algún modo, eso me liberó para poder incluir nuevas lecturas que no estaban relacionadas con la tesis. Durante años traté (a veces infructuosamente) de evitar libros que no se relacionaran de algún modo con los proyectos de investigación y esto me ataba mucho. Siento que fue un antes y un después. Ahora me siento mucho más libre para elegir un libro y disfruto más de la lectura.

Entre las lecturas del año existen, también, muchos libros que no fueron publicados. Leí una enorme cantidad de originales, que no siempre valen la pena, pero estoy aprendiendo, y entonces, si no me gusta el modo en que se desarrolla en las primeras 50 páginas decido abandonarlos. Un libro que no me logra convencer en el inicio ya no lo puedo seguir leyendo. Esto es algo muy nuevo para mí, y creo que estoy aprendiendo con el tiempo, antes me sentía infinitamente culpable si no finalizaba un libro pero ahora pienso que hay demasiados libros buenos para leer como para perder tiempo con uno que no nos guste nada. Entre los manuscritos, hay también otro tipo de libros, son aquellos en que no conocía al autor y de pronto me encuentro con un libro fantástico y lo devoro de una sentada. Es cuando surge ese hallazgo de algo nuevo que podías esperar o no (no siempre tenemos las mismas expectativas frente a un libro) pero esa posibilidad oculta es la que que me permite leer todos los libros que no me gustan solo para poder hallar otro que me conceda uno de esos momentos. Y ahí es cuando se puede decir: quiero que este libro también lo puedan disfrutar otros lectores.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Algunas de las lecturas del año son novedades, pero diría que, en la balanza, ganaron algunos libros publicados en años anteriores. Esto es por diferentes razones, porque los releí, porque no tuve tiempo de leerlos antes, porque se reeditan y trabajo en la nueva edición, etc.
Me gustó mucho No hay risas en el cielo de Ariel Urquiza (y este es uno de esos libros que me sorprendió y de los que hablaba hace un momento). Lo mismo me pasó con El río de Débora Mundani (que leí inicialmente el año anterior, pero digamos que vale porque se publicó este año), Sentada en su verde limón de Marcial Gala (que se publicará muy pero muy pronto en Archipiélago Caribe), Manual práctico del odio de Ferréz con el que estuve trabajando para la nueva edición. Por supuesto, Intemperie de Eduardo Lalo (la segunda parte del libro sobre el cuerpo, la tinta y la escritura me conmueve al recordarlo). Y aquí van las segundas disculpas, son muchos libros de Corregidor, pero resulta inevitable recordarlos.

También me gustaron muchísimo Mundo cruel de Luis Negrón, Archipiélagos de Abilio Estévez, La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz, que tiene sus años pero lo leí ahora y lo disfruté tanto que no lo quería terminar. Es mi selección caribeña que leí este año. Y no puedo dejar de nombrar a La catedral de los negros de Marcial Gala (sí, otra vez), que me llevó a escribir un artículo sobre la novela. Voy a incluir una trampa, son los Diarios de José Martí, que releo cada año y que los incluyo solo por si puedo lograr que alguien lea esta entrevista y los lea si no los leyó todavía (como decía Lezama Lima, la mejor poesía de Martí está ahí y nadie se los debería perder). Por último, no soy una gran lectora de poesía contemporánea pero quiero ir aprendiendo. Me gustaron mucho el libro de la poeta tucumana Denise León Poemas de Middlebury y Cuerpo nuestro de Áurea María Sotomayor (puertorriqueña). Dos mujeres que conocía en su faceta de críticas y en sus libros encontré a enormes poetas.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Es una pregunta difícil pero incluyo a José Martí (no me juzguen de anacrónica, hice la tesis sobre su obra y me parece que tiene una vigencia cada vez mayor),  Walt Whitman, Juan Calos Onetti, Reinaldo Arenas, Juan Rulfo, Ricardo Piglia, Abilio Estévez, Clarice Lispector, Mauricio Rosencof, Juan José Saer, Macedonio Fernández. Seguramente me olvidé de muchos y los quiera agregar en un rato.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

El orden es aleatorio y aunque no quiero caigo en muchos clásicos. De todos modos esta lista creo que la puedo cambiar a cada hora y depende del lector a quién se lo deba recomendar. Incluiría más latinoamericanos, pero los europeos que agrego son tres libros que nos permiten entender todo lo que vino después y por eso es importante leerlos y uno que recuerdo haber leído con mucho entusiasmo:

Diarios de José Martí
Leaves of Grass Walt Whitman
Pedro Páramo de Juan Rulfo
El llano en llamas de Juan Rulfo
La hora de la estrella de Clarice Lispector
Altazor de Vicente Huidobro (El “Canto II” puede que sea el poema que más me guste)
Las flores del mal de Baudelaire
Ulises de James Joyce
De profundis de Oscar Wilde
Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Voy a decir dos, pero hay más. Lo rojo y lo negro de Stendhal y La guerra y la paz de Tolstoi.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

La Eneida, de Virgilio, creo que todavía era muy joven y me faltaban muchas lecturas. ¿Debería reintentarlo?


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María Fernanda Pampín es Doctora en Letras (UBA) y becaria postdoctoral del Conicet. Publicó la antología de José Martí Poemas selectos (Corregidor, 2009), el volumen de ensayos Martí: Modernidad y latinoamericanismo de Ángel Rama (Biblioteca Ayacucho, 2015) y compiló el libro Literaturas caribeñas: Debates, reescrituras y tradiciones, junto a Guadalupe Silva (Filo-Universidad de Buenos Aires (2015). Como editora, dirige las colecciones Archipiélago Caribe y codirige Narrativas al Sur del Río Bravo y Puentes de Papel (infantil).








viernes, 27 de enero de 2017

Alejandra López: "Los lectores y los libros"

Alejandra López (fotógrafa)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste durante 2016?

Poquísimos, debo haber leído diez u doce como mucho. Mal año en ese sentido ...


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

"Sumisión", de Michel Houellebecq; "Carroza y reina", de Isidoro Blaisten (en una reedición hermosa de Milbotellas); una biografía de Philip Dick de Emmanuel Carrère "Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos"; "La tempestad", en la traducción de Marcelo Cohen y Graciela Speranza, que disfruté mucho. También "Zona de Obras", de Leila Guerriero y "Nada se opone a la noche", de Delphine de Vigan. ¡Ahora me doy cuenta de que no leí novedades del año!


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Tengo muchos, por supuesto. De los clásicos, mi preferido absoluto es Manuel Puig, leí todo y me fascina. Raymond Carver también. Además, soy devota de Houellebecq, me conmueve, me parte la cabeza. Siempre estoy esperando como una fan la nueva novela.... Y también Emmanuel Carrère. Pero hay montones de autores que me gustan muchísimo; creo que no podría hacer una lista.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Uy, no, no me animaría a prescribir algo así. No soy entendida para nada y no sé qué debería leer la gente! Sí puedo pensar en una lista de libros que fueron centrales en mi vida y que suelo regalar o recomendar.... (listado que seguramente querré luego corregir o enmendar una vez que haya enviado este correo ...)

El fin de lo mismo, de Marcelo Cohen

Morirás lejos, de José Emilio Pacheco

Viaje al fin de la noche, de Ferdinand Céline

Plataforma y Las partículas elementales, de Michel Houellebecq

La traición de Rita Hayworth, de Manuel Puig

De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère

Nueve cuentos, de J. D. Salinger

Para una tumba sin nombre, de J.C. Onetti

Luz de agosto, de William Faulkner

Cualquier libro de Carver

Rayuela, de Julio Cortázar

El pasado, de Alan Pauls

Obra poética completa, de César Vallejo (en la increíble edición de Biblioteca Ayacucho si fuera posible), y algunas novelas del "boom", que ahora creo que han caído en descrédito pero me parecen bellísimas, como La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes o El lugar sin límites, de José Donoso.

Bueno, me recontra pasé de los diez.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

¡¡¡Montones!!! desde La Divina Comedia hasta La guerra y la paz. Pero también tengo cientos de libros que no son clásicos y también me juro leer algún día... Tengo pilas de pendientes.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó? 

Se me ocurre pensar en un autor y no en un libro. Me pasa con Saer, que es extraordinario pero con cuya literatura no logro conectar.... Me maravilla lo que hace pero en un nivel puramente intelectual, sin conexión real, hay algo de su literatura que me enfría, donde no "engancho" a nivel emocional, no hay caso, y me da una pena infinita.


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Alejandra López es fotógrafa. Nació y vive en Buenos Aires. Hizo casi toda la carrera de LetrasTraductorado de Francés antes de dedicarse a la fotografía. Empezó a trabajar profesionalmente en 1990, en la revista El Porteño. Luego siguió en Claudia, Panorama,y Elle.
Desde marzo de 1994 hasta junio del 2007 fue fotógrafa de staff de la revista Viva del diario Clarín.
Desde esa fecha hasta julio del 2009 trabajó como Editora de Fotografía de la revista de moda Shop&Cia del mismo grupo.
Actualmente se desempeña en forma independiente en el ámbito del retrato y la moda.
Colabora con revista Bacanal y Harper’s Bazaar entre otras.
Además continúa realizando desde hace varios años fotos de autor para editoriales de libros, como Penguin Random House y Planeta.

http://alejandralopez.com.ar/

Escritores bajo la mirada de Alejandra López (Samanta Schweblin, Juan Forn, Carlos Busqued, Alberto Laiseca, Martín Kohan, Guillermo Saccommano, María Moreno, Diana Bellessi, Hebe Uhart, Marcelo Cohen, Ricardo Piglia, Abelardo Castillo, Alan Pauls, Gabriela Cabezón Cámara, Rodolfo Fogwill, Sergio Bizzio, Guerriero y Carlos Feiling)